Óscar Chávez: una voz eternamente rebelde



Dignificar la canción: mi meta.

Óscar Chávez


El hombre, el músico


El año 2020 representó, sin duda alguna, un año de perdidas invaluables en el devenir histórico de la humanidad. El sector cultural nacional ha sido, en particular, uno de los más golpeados, pues a las pérdidas económicas, la prohibición de la presencialidad en eventos, y la reducción de los ya de por sí pocos apoyos gubernamentales; se suman también las muertes de distintos artistas fundamentales de nuestras letras, tales como la de Amparo Dávila, José Vicente Anaya y Óscar Wong; entre otros.


Dentro de estas dolorosas ausencias, se halla una particular, perteneciente a esa otra literatura, más primigenia por estar ligada indivisiblemente al canto y la música, y que pertenece, no sólo a una línea culta, sino que se nutre principalmente de una popular; es decir, la canción tradicional. Óscar Chávez fue, en ese sentido, uno de sus máximos cultores, tanto en su faceta de compositor, así como en la de intérprete.


Cantor político, trovador del amor e investigador musical, Óscar Chávez nace en el entonces Distrito Federal, un 20 de marzo de 1935. Desde su infancia crece escuchando distintos tipos de música regional, gracias a la influencia de su padre, músico aficionado; dedica gran parte de su juventud al estudio de la dramaturgia, dirigiendo y actuando en distintas obras universitarias, y en la película Los caifanes, dirigida por Juan Ibáñez en el 67. Sin embargo, es su amplia labor musical la que convierten su figura y obra en auténticos patrimonios culturales.


Creador y depositario de la tradición popular, ejerció la sátira política lo mismo que el bolero, los corridos, el huapango, los temas infantiles, la trova yucateca, los sones antiguos o la canción romántica; amén de una lista de géneros internacionales, latinos e hispanos; grabó más de cien discos, y se presentó, solo o acompañado, en distintos espacios simbólicos del país, tales como el Auditorio Nacional, el Palacio de Bellas Artes, el Zócalo capitalino; y, en los últimos años, en el Complejo Cultural los Pinos, así como en el Foro Sol, formando parte del elenco del Vive Latino 2019.


En pocos casos como el suyo, se conjuntan a la perfección ideología, música y tradición; para dar lugar a un arte en el que canto y guitarra ejecutan la más pura expresión de la palabra lírica y popular. Estudio aparte merecería su manejo de los distintos pies métricos, utilizados en sus composiciones originales; asimismo, sus eventos constituían una singular mezcla entre mitin y concierto, tal como se atestiguó el 28 de marzo de 2001, fecha en que interpreta, afuera de la Cámara de Diputados y a petición del EZLN, su canción La Mariana.

A una honda penetración de la realidad social e histórica de México y América Latina, se suma un amplio repertorio de canciones de tema romántico, como la emblemática Por ti, segunda composición realizada por el cantautor, y cuya trascendencia superó las barrera espacial y generacional, al grado de ser todavía una de sus canciones más buscadas en plataformas como YouTube o Spotify. Sin embargo, el presente homenaje tiene como objetivo resaltar las otras dos áreas de su amplísima labor artística, es decir, su trabajo de rescate y difusión de música tradicional, y su faceta como compositor satírico.


El intérprete de una herencia infinita


Aun cuando es evidente la influencia de una formación literaria en sus composiciones (recordemos las versiones musicalizadas de textos de Sor Juana Inés de la Cruz, Amado Nervo, Gilberto Owen, José Emilio Pacheco, Elena Garro; o inclusive, el disco Cuento de navidad, adaptación de una farsa teatral de Emilio Carballido), es innegable también, que la mayor parte de su producción artística tiene una fuerte raigambre tradicional y popular.


En efecto, Óscar Chávez asume como propias y reconstruye canciones pertenecientes al repertorio musical nacional, tales como La llorona, Perfume de gardenias, La cucaracha, No volveré, entre otros; y vuelve a dar voz a grandes compositores, como Chava Flores, Rafael Elizondo, Pancho Madrigal, e incluso a autores internacionales, como el cubano Carlos Puebla, o el peruano Daniel Camino Diez Canseco; asimismo incluye en su repertorio un amplio número de canciones relativas a festividades nacionales, como el Día de Muertos, la Navidad, o Semana Santa.


Mención particular merece la enorme labor de rescate, reinterpretación y difusión de un amplio repertorio nacional, repartido en distintas regiones del país y que se hallaba, hasta ese entonces, preservado tan sólo en la memoria popular y transmitido por medio de la tradición oral. Efectivamente, Óscar Chávez estudia con afanosa pasión la historia de nuestra música, no como el investigador que recluye sus hallazgos al polvo del anaquel, sino como aquel que les otorga nueva vida, y los reparte entre los hombres por medio de la canción. Clara muestra de esta labor son los discos Herencia lírica mexicana (repartido en tres volúmenes), Cantos ferrocarrileros, o Lírica infantil mexicana.


El cantautor disidente


Óscar Chávez practicó, como ningún otro músico mexicano, el arte y oficio de la denuncia política. En él, militancia y ejecución artística son una misma, y es tal la calidad y tanta la cantidad de su obra, que sin duda alguna puede equiparársele a autores de la talla de Violeta Parra, Víctor Jara, Facundo Cabral o Silvio Rodríguez, principales cultores de la canción de protesta latinoamericana; y, sin embargo, su humorismo ácido, y su lenguaje desenfadado, le dan a su sátira política un tono único e inconfundible.


Ya desde joven vivió en carne propia el Movimiento Estudiantil del 68, y a su participación como activista social, sumó su labor como músico, presentándose en distintas Facultades de Ciudad Universitaria o del IPN, e interpretando temas de índole contestataria, representando el sentimiento colectivo de aquella juventud rebelde, deseosa de cambiar el destino del país. Tras la masacre en la Plaza de las Tres Culturas, y la consecuente disolución del Movimiento Estudiantil, la guitarra de Óscar Chávez se impregnó de las voces de aquellos muertos.


El disco Parodias Políticas, grabado en vivo en el Teatro Blanquita a principios de 1970, significó la incursión definitiva de la sátira de Óscar Chávez en el panorama nacional; de este material destaca la canción “La casita”, alegoría de la rapiña institucional histórica cometida por aquellos que han detentado el poder político; el protagonista de esta parodia, tiene una “casita chiquita con jardines y alberquita” además de “una estatua (…) que el museo [le] donó (…) una virgen de Guadalupe que un arzobispo [le] dio” e incluso “una cama que perteneció a Santa Anna, nuestro mejor vendedor”, y un sinfín de opulencias más.


Este sería apenas el comienzo de una larga carrera de disidencia social expresada a través de la canción. Valiéndose de su dominio de las formas tradicionales de música, el cantautor reinterpreta corridos zapatistas, canta a figuras rebeldes como Genaro Vázquez, “Che” Guevara o Salvador Allende; compone topadas donde riñen El pueblo y el mal gobierno, o hay Pleito entre el peso y el dólar. Como compositor, Óscar Chávez fue también el cronista de la barbarie neoliberal: “año del noventa y uno, ya no queda un campesino, por el petróleo asesino” menciona en un tema, haciendo alusión al impacto sociocultural y económica de la explotación petrolera en Tabasco.


O bien, se mofa de los sucesos que se repiten cíclicamente en nuestra historia política, tal como el cambio de sexenio y su consecuente proceso electoral: “Cada seis años mi amor, prometo ser diferente, (…) y siempre es igual, es picoso el mole, diferente el dedo, pero el mismo atole”. Pero la denuncia de los regímenes gubernamentales, es también la crítica a una sociedad que, por complicidad o indiferencia, ha aceptado sumisa un infame destino: “El pueblo de este país, siempre pierde nunca gana, se imagina que es feliz, porque siembra marihuana, (…) el pueblo de este país, se reconcome de muinas, no circula ni un maíz, pero sí la cocaína”.


Y aun cuando dentro de su repertorio existen canciones de una solemnidad desgarradora, como el tema Se vende mi país, lo cierto es que la protesta de Óscar Chávez destaca por su comicidad y lenguaje popular, convirtiéndose en una sátira en el más estricto sentido de la palabra; pongamos por caso las canciones El guarura de levita, burla a los guardaespaldas de altos funcionarios, Salario mínimo, donde la voz lírica pide en distintos coros que se le otorgue este sueldo a distintos funcionarios, incluido el presidente “para que vea lo feo que se siente”, o El pendejo, descarada mofa de todo aquel que contribuye a la degradación social.


La tarde del 29 de abril de 2020, Óscar Chávez ingresó de urgencia al Centro Médico Nacional 20 de noviembre del ISSTE, presentando fiebre alta, dolor, y dificultad para respirar, síntomas propios del Covid-19; apenas un día después, la actual Secretaria de Cultura anunció vía Twitter que el cantautor había fallecido. Durante su trayectoria, recibió un sinfín de reconocimientos y premios, al grado de ser considerado “Patrimonio Cultural Vivo” en 2019, sin embargo, su mejor recompensa como músico, es pertenecer ya, a esa tradición musical que tanto amó, así como a la historia política de nuestro país.





Iván Zurita (Ciudad de México, 1992). Egresado de la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas por parte de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, UNAM. Como estudiante participó en los encuentros literarios en las universidades autónomas de Morelos, San Luis Potosí, Yucatán, Puebla y Baja California; entre los cuales destaca el V Encuentro Nacional de Jóvenes Escritores Jesús Gardea de la Universidad Autónoma de Chihuahua. En 2018 fue becario en el Festival Cultural Interfaz “Los Signos en Rotación” y en el I Encuentro Nacional de Poetas Amando J. de Alba. En febrero de 2019, participó en el IX Encuentro de Jóvenes Escritores de Hispanoamérica y el Caribe dentro de las actividades de la Feria Internacional del Libro de la Habana, Cuba. Su obra literaria se encuentra dispersa en antologías de jóvenes escritores mexicanos, así como en publicaciones periódicas y plataformas digitales. Actualmente se desempeña como miembro del Consejo Editorial de la revista de crítica y creación literaria De-lirio.