AMADO NERVO, DE LA SACRALIZACIÓN AL OLVIDO

Actualizado: nov 18



Llegó en el buque de guerra Uruguay, escoltado por navíos internacionales y aeroplanos. Una vez en tierra, más de 300 mil mexicanos le acompañaron inundando las calles. Por donde quiera que pasaba las damas dejaban caer desde sus balcones una lluvia de flores tapizando el camino, mientras las bandas de música de la Policía y del Estado Mayor intercalaban melodías. Ningún poeta ha vuelto a recibir tal bienvenida y despedida. Aquel noviembre de 1919 Amado Nervo sumió en silencio al conmovido pueblo de México que respetuoso le siguió hasta su última morada en la Rotonda de los hombres ilustres.


Seis meses habían pasado desde su deceso, pero, tal como mencionase Antonio Alatorre, sin duda el cadáver aún tenía algo de “carnita para resucitar”.[1] Los editores se encargaron de dicha resurrección al apresurarse a reimprimir sus obras mientras que los periodistas seguían de cerca el féretro en su recorrido, describiéndole a todo un continente los pormenores del suceso y cómo aquellos restos, “depósito sagrado para México”,[2] venían en féretro de cobre y plomo recubierto de caoba finísima, donde, envuelto en sudario blanco, descansaba el poeta en actitud de “un hombre santo que estuviese dormido”.[3]


Sin duda, los funerales de Amado Nervo son los más grandes que se le hayan rendido a cualquier figura artística de México. La cantidad de personas que acompañaron al escritor en su último trayecto son evidencia de la popularidad que gozó en vida. No obstante, dicha fama estuvo revestida de sentimientos ambivalentes y críticas contrapuestas por parte de sus compañeros en el ámbito literario. Mientras que el pueblo lo adoraba, la crítica cuestionó la literalidad de su obra, sobre todo de sus últimas producciones poéticas. La razón que fascinaba a unos era la misma que le generaba detractores. El poeta, después de haber sido fundamental para el modernismo, comenzó a optar por una evolución hacia la sencillez y lo humano.[4] Ejemplo de ello es su último poemario Plenitud, el cual fue catalogado por la crítica como un libro con la “elegancia del claustro”,[5] “al servicio de la tediosa varita pedagógica y moralizante”.[6] La sentencia era contundente: “a quien no espera de la literatura consuelo sino literatura, Nervo no lo convence”.[7]


No obstante, la recepción del poemario fue muy buena entre el público lector de Nervo. Vigne Pacheco señala que, en gran parte, ello se debió a la moda de los recitales poéticos, los cuales Carlos Monsiváis describe como culto a la brillantez verbal:


Sermones que son dramas teológicos comprimidos, guías de turistas del cielo y el infierno. Por virtud de la declamación, la poesía deja de ser íntima y se vuelve pública, no el convenio entre un autor y un lector, sino entre una audiencia y un actor, sacerdote del idioma, taumaturgo que resucita las palabras asesinadas por las voces monocordes.[8]


Cabe destacar el lenguaje sacralizante con que Monsiváis describe dichas reuniones donde los asistentes, más que comportarse como espectadores, adquirían cierto tinte de feligreses.[9] Este tinte sagrado obtenía sin duda mayor solemnidad bajo los poemas de Amado Nervo cada vez más orientados hacia la búsqueda de Dios. De tal manera, a su muerte, la prensa reprodujo tal imagen del poeta describiéndolo como un “hombre santo” o “depósito sagrado”. Incluso Miguel Othón Robledo, en su artículo “El hombre y el símbolo”, señaló: “El hombre ha muerto. Sólo queda el símbolo, el símbolo de una deidad perenne, la ilusión, a nombre de la cual te ofrecemos, oh San Amado Nervo, la más rica de nuestras joyas: la del amor”.[10]


Sus libros Serenidad, Elevación y Plenitud, aunados a la fascinación de orden religioso que JérômeMeizoz menciona que despierta el performance,[11], generaron en Amado Nervo esta imagen relacionada a lo sagrado mostrando como, efectivamente, el hombre terminó encarnando la obra para sustituirla ante los medios. Sin embargo, la espectacularidad de la que gozó el escritor nayarita no solo provenía de su obra poética, sino que es fruto de la constante publicación y presencia que tuvo a nivel nacional e internacional por medio de su labor periodística. No olvidemos que Nervo fue el primero en escribir crónica de sociedad y uno de los principales en difundir los avances científicos y tecnológicos mediante la literatura, aunando en su labor periodística estos dos ámbitos culturales hasta entonces separados. Amado Nervo, de tal manera fue un autor prolífico y publicó cuanto pudo, en gran medida para vender y sobrevivir. Como él mismo afirma:


He hecho innumerables cosas malas en prosa y verso, y algunas buenas; pero sé cuáles son unas y otras. Si hubiese sido rico, no habría hecho más que las buenas, y acaso hoy sólo se tendría de mí un pequeño libro de arte consciente, libre y altivo. ¡No se pudo! Era preciso vivir en un país donde casi nadie leía libros, y la única forma de difusión estaba constituida por el periódico.[12]


Jiménez Aguirre, reflexionando en las publicaciones de Amado Nervo y las imágenes con que promovió su fama, señala a modo de juego que algo debía entender el poeta de mercadotecnia,[13] pues siempre estuvo consciente de para quién escribía y a partir de ello se adecuaba para conseguir un mayor público.[14]De ahí que Nervo, consciente del ritmo cada vez más acelerado de la vida moderna, opte por la escritura de textos breves, obras que cualquier citadino podía leer en el tranvía o en algún momento de su agitado día a día.


A su vez María Martínez haciendo un análisis de la recepción de la obra del poeta ante el público femenino, observa como Nervo, sabedor de que las mujeres constituían su mayor público, introdujo poco a poco un narratario femenino en su prosa y una lectora pretendida en su lírica.[15] Siendo los poemarios de su tercera etapa los que revelan una mayor abundancia de estas marcas. Esta popularidad en el público femenino fue criticada y admirada por sus contemporáneos e incluso Darío intentó matizar y corregir tal aspecto en su amigo al asegurar que el Nervo más profundo no era el que las damas conocían.[16]Es importante preguntarnos hasta qué punto el tener un público femenino demeritó la obra en una sociedad donde la mujer era observada como algo emocional y por ello distante a la razón y las disertaciones elevadas.


Otro aspecto que le ayudó a triunfar mediáticamente fue su nombre y su imagen. Sin duda Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo Ordaz acertó al elegir como firma el nombre de “Amado Nervo”. Un nombre sencillo, corto y con carga emotiva. Por otro lado, como Vicente Leñero afirma, las fotografías de Nervo “lo muestran como un hombre consciente de su propia importancia”.[17]Todos estos rasgos contribuyeron a la mediatización de la figura de Amado Nervo, quien se convirtió en El poeta de México. Aunado a su carrera literaria, su carrera diplomática lo ayudó a viajar por diversos países y entablar relación con personalidades del campo literario internacional tales como Alfonsina Storni, Leopoldo Lugones, José Enrique Rodó, Juana de Ibarbourou, [18] Miguel de Unamuno, Rubén Darío, entre otros.


No obstante, justo este acceso al campo político, por su labor como diplomático, y al campo económico, a partir de sus textos creados para vender en los periódicos, así como su reconocimiento visual contribuyeron a alejarlo de sus pares, quienes preferían al Amado Nervo de sus inicios, aquel poeta modernista de Perlas negras: Místicas. De esta manera, observamos como el campo literario regido por el principio de autonomía, el arte por el arte, desdeñó la labor literaria de Amado Nervo al regirse éste por un principio de heteronomía, es decir, por pertenecer al dominio del campo económico y político y por ende regirse por lo externo al campo literario. Ello explica su triunfo temporal y la animadversión que aún hoy despierta en algunos críticos,[19] quienes aseguran que pese al reconocimiento que gozó, su importancia en la literatura mexicana es menor que la de otros poetas como Ramón López Velarde, quien, a pesar de no haber gozado de gran reconocimiento en vida ha tenido una influencia fundamental en la historia literaria.


Sin embargo, al respecto hemos de recordar que el mismo López Velarde ha tenido influencia de Amado Nervo (baste recordar los versos “unos ojos verdes, color sulfato de cobre” de Amado Nervo y que en Ramón López Velarde pasarían como “ojos inusitados de sulfato de cobre”). De igual forma es importante no olvidar que los últimos poemarios del nayarita por los que tanto se le ataca no son su única obra, ahí tenemos su narrativa, su relación con los temas de irrealidad, su temprana incursión a la ciencia ficción, su acercamiento a lo fantástico. De igual forma, pese a que el prestigio del poeta decayó con el paso de los años, su obra sigue presente en la cultura, sobre todo en la cultura popular a través de cantos, baladas románticas y tangos.[20] Así, en lugar de juzgar al autor por su poca fama o exceso de ella, hemos de voltear a ver la totalidad de su obra y la huella que ésta ha dejado en la tradición literaria y en la sociedad, pues, sin duda una de sus grandes labores fue el acercar la literatura al público en general y no solo escribir para el círculo cerrado de sus pares.




[1] Gustavo Jiménez Aguirre. “Prólogo: La transmigración del prosista”. Amado Nervo, El bachiller, El donador de almas, Mencía y sus mejores cuentos. México: PenguinRandomHouse. 2017, p. 11. [2]“Una multitud enorme desfiló silenciosa y conmovida frente a los restos de Nervo” 14 de noviembre de 1919, en Jessica Soto, “México no escatimó en el funeral de Nervo”, El Universal, 6 de junio del 2020, recuperado el 24 de abril del 2021 en https://www.eluniversal.com.mx/cultura/letras/los-funerales-de-amado-nervo-en-mexico [3]Idem [4]Martínez Carrizales, Leonardo. “El ‘magisterio negativo del arte’. Alfonso Reyes, exégeta de Amado Nervo (1913-1941)”. Acta poética, 41(2), 2020. [5] Rafael Cansinos Assens, Poetas y prosistas del novecientos. Madrid: América, 1919, pp.42-43,en Ana Vigne Pacheco, “Plenitud de Amado Nervo: ¿prosa aforística o poemas en prosa? Literatura Mexicana, vol. XVI. Núm. 1, 2005, p. 38. Recuperado el 23 de abril del 2021 en:https://www.redalyc.org/pdf/3582/358241845002.pdf [6]Luis Ignacio Helguera, Antología del poema en prosa en México. México: Fondo de Cultura Económica, 1993, en Ana Vigne Pacheco, Op, Cit.,p. 39. Recuperado el 23 de abril del 2021 en: https://www.redalyc.org/pdf/3582/358241845002.pdf [7]Idem. [8] Carlos Monsiváis. Las tradiciones de la imagen: notas sobre poesía mexicana, México: Planea/Instituto Tecnológico de Monterrey, 2001, p.129 citado en Ana Vigne Pacheco, Op, Cit., p. 40. [9]Cfr. Carlos Monsiváis, Op, Cit., p. 131, citado en Ana Vigne Pacheco, Idem. [10]Miguel Othón Robledo. “El hombre y el símbolo”. El Pueblo, 8 de julio de 1919, citado en Ana Vigne Pacheco, Op, Cit., p. 41. [11]Cfr. Jérôme Meizoz, “«Escribir, es entrar en escena»: La literatura en persona”, en Estudios. Revista de investigaciones literarias y culturales, 42, 2016. [12]Amado Nervo. Obras completas. México: Aguilar, 1991, p.1065,citado en Ana Vigne Pacheco, Op, Cit.,p. 27 [13]Cfr. Gustavo Jiménez Aguirre, Op, Cit., p. 15. [14]Cfr. Ibidem, p.17. [15] José María Martínez, “El público femenino del modernismo: las lectoras pretendidas de Amado Nervo”. Cervantes Virtual. Recuperado el 24 de abril del 2021 en http://www.cervantesvirtual.com/portales/amado_nervo/obra-visor/el-publico-femenino-del-modernismo-las-lectoras-pretendidas-de-amado-nervo/html/3663ad81-b251-45b1-91d8-e631e1c5097c_3.html#I_0_ [16]Cfr. Idem. [17] Leñero “Prólogo”, en Nervo, El ángel caído…, p. 5, citado en Gustavo Jiménez Aguirre, Op, Cit., p. 14 [18]Cfr. Gustavo Jiménez Aguirre, Op, Cit., p. 9 [19]Cfr. Vicente Quirarte “Hacia la modernidad literaria: La poesía y la crónica del modernismo” Seminario Introducción a la Literatura Moderna y Contemporánea de México, ILMCM. . México: Casa estudio Cien años de soledad. Fundación para las letras mexicanas. 2021, min. 2:06:00-2:08:30 Recuperado el 24 de abril del 2021 en https://www.facebook.com/109795300928687/videos/902036107261090 [20]Cfr. Gustavo Jiménez Aguirre, Op, Cit.,p.11.




REFERENCIAS


Ana Vigne Pacheco, “Plenitud de Amado Nervo: ¿prosa aforística o poemas en prosa? Literatura Mexicana, vol. XVI. Núm. 1, 2005, pp. 27-64. Recuperado el 23 de abril del 2021 en: https://www.redalyc.org/pdf/3582/358241845002.pdf


Gustavo Jiménez Aguirre. “Prólogo: La transmigración del prosista”. Amado Nervo, El bachiller, El donador de almas, Mencía y sus mejores cuentos. México: Penguin Random House. 2017, pp. 9-24.


Jérôme Meizoz, “«Escribir, es entrar en escena»: La literatura en persona”, en Estudios. Revista de investigaciones literarias y culturales, 42, 2016, pp. 253-269.


José María Martínez, “El público femenino del modernismo: las lectoras pretendidas de Amado Nervo”. Cervantes Virtual. Recuperado el 24 de abril del 2021 en http://www.cervantesvirtual.com/portales/amado_nervo/obra-visor/el-publico-femenino-del-modernismo-las-lectoras-pretendidas-de-amado-nervo/html/3663ad81-b251-45b1-91d8-e631e1c5097c_3.html#I_0_


Martínez Carrizales, Leonardo. “El ‘magisterio negativo del arte’. Alfonso Reyes, exégeta de Amado Nervo (1913-1941)”. Acta poética, 41(2), 2020, pp. 49-71.


Vicente Quirarte “Hacia la modernidad literaria: La poesía y la crónica del modernismo” Seminario Introducción a la Literatura Moderna y Contemporánea de México, ILMCM. Casa estudio Cien años de soledad. Fundación para las letras mexicanas. México. Recuperado el 24 de abril del 2021 en https://www.facebook.com/109795300928687/videos/902036107261090


“Una multitud enorme desfiló silenciosa y conmovida frente a los restos de Nervo” El Universal,14 de noviembre de 1919, en Jessica Soto, “México no escatimó en el funeral de Nervo”, El Universal, 6 de junio del 2020, recuperado el 24 de abril del 2021 en https://www.eluniversal.com.mx/cultura/letras/los-funerales-de-amado-nervo-en-mexico





Alejandra Rodríguez Montelongo Psicóloga y licenciada en Letras. Algunos de sus textos se encuentran en las antologías “Y son nombres de mujeres”, “Todos somos Inmigrantes”, “II Antología de Escritoras Mexicanas” y “Mañana será otro día”. En 2019 fue una de las 25 ganadoras del II Concurso Nacional de Cuento de Escritoras Mexicanas. Actualmente es miembro del comité organizador de la Feria Nacional de Libro de Escritoras Mexicanas, FENALEM.