Cuatro poemas de Louise Glück, premio Nobel de literatura 2020




El asistente melancolía


Tuve un asistente, pero era melancolía,

era tan melancolía que interfería con sus tareas.

Debía abrir mis cartas, que eran pocas,

y responder aquellas que necesitaran respuesta

dejando un espacio al final para mi firma.

Y bajo mi firma, sus propias iniciales,

en cuya formalidad, de entrada, se enorgullecía.

Cuando sonaba el teléfono, él debía decir

que su patrona estaba ocupada por el momento,

y ofrecerle dejar su mensaje.


Después de varios meses, él vino a mí.

Señora, me dijo (pues así me llamaba),

me he vuelto inútil para usted; debe echarme.

Y vi que había hecho sus maletas

y estaba listo para irse, aunque era de noche

y nevaba. Mi corazón se enterneció.

Bueno, dije, si no puedes llevar a cabo estas pocas tareas,

¿qué puedes hacer? Y él apuntó a sus ojos,

que estaban llenos de lágrimas. Puedo llorar, dijo.

Entonces debes llorar por mí, le dije,

como Cristo lloró por la humanidad.


Aún así, él dudaba.

Su vida es envidiable, dijo;

¿en qué debo pensar mientras lloro?

Y le hablé de la vacuidad de mis días,

y del tiempo, que estaba acabándose,

y del sinsentido de mis logros,

y mientras hablaba tuve la extraña sensación

de sentir de nuevo algo

por otro ser humano—


Se quedo completamente inmóvil.

Yo había encendido un pequeño fuego en la chimenea;

recuerdo escuchar los murmullos satisfechos de los leños agonizantes—


Señora, me dijo, le ha dado

sentido a mi sufrimiento.


Fue un momento raro.

Todo el intercambio parecía a la vez profundamente fraudulento

y profundamente verdadero, como si palabras como vacuidad y sinsentido

estimularan alguna emoción recordada

que ahora se vincula a esta ocasión y persona.


Su rostro estaba radiante. Sus lágrimas destellaban

de rojo y dorado en la lumbre.

Entonces se marchó.


Afuera la nieve caía,

el paisaje que se transformaba en una serie

de insulsas generalizaciones

marcó el aquí y el allá con formas

enigmáticas donde la nieve se había amontonado.

La calle era blanca, los árboles eran blancos—

Cambios de superficie, pero, ¿no es eso todo

lo que podemos ver?




La pareja en el parque


Un hombre camina solo en el parque y además de él camina una mujer, también sola. ¿Cómo saberlo? Es como si existiera una línea entre ellos, como la línea de un campo de juego. Incluso así, en una fotografía pueden parecer una pareja casada, cansados uno del otro y de los muchos inviernos que han soportado juntos. En otro tiempo, ellos podrían ser extraños a punto de conocerse por accidente. Ella suelta su libro; deteniéndose para levantarlo toca, por accidente, la mano de él, y su corazón se abre de golpe como una cajita musical. Y de la cajita sale una pequeña bailarina hecha de madera. Yo creé esto, piensa el hombre; aunque ella sólo puede girar en su lugar, es una especie de bailarina, no sólo un trozo de madera. Esto debe explicar la misteriosa música que viene de los árboles.



Una obra de ficción


Mientras volteaba la última página, después de tantas noches, una ola de pena me envolvió. ¿Dónde se fueron esas personas que parecían tan reales? Para distraerme, caminé en la noche; por instinto, encendí un cigarro. En la oscuridad, el cigarro brilló, como un fuego encendido por un sobreviviente. ¿Pero quién vería esta luz, este pequeño punto bajo las estrellas infinitas? Me quedé un rato en la oscuridad, el cigarro brillando y haciéndose pequeño, cada respiro destruyéndome pacientemente. Es tan pequeño, tan breve. Breve, breve, pero ahora dentro de mí, donde nunca estarán las estrellas.




La ventana abierta


Un viejo escritor se hizo el hábito de escribir la palabra FIN en un pedazo de papel antes de comenzar sus historias, para después reunir un montón de páginas, típicamente delgado en el invierno cuando la luz era breve, y relativamente más grueso en el verano cuando su pensamiento volvía a ser libre y asociativo, rico como el pensamiento de un joven. Independientemente de su número, él colocaría estas páginas en blanco sobre esa última, ocultándola. Sólo entonces la historia llegaría a él, pura y refinada en el invierno, más libre en el verano. Por estos medios él se convirtió en un reconocido maestro.


Él trabajaba preferiblemente en una habitación sin relojes, confiando en la luz para decirle cuando el día hubiera terminado. En el verano, le gustaba la ventana abierta. ¿Cómo, entonces, en verano, el viento de invierno entró en la habitación? Estás en lo correcto, él le gritó al viento, esto es lo que me faltaba, esta decisión y esta escarpa, esta sorpresa– O, ¡si yo pudiera hacer esto sería un dios! Y se quedó tendido en el suelo frío del estudio mirando el viento mover las páginas, mezclando las escritas y las no escritas, el final entre ellas.





Del libro "Faithful and Virtuous Night" Farrar, Straus and Giroux, 2014.

Traducciones de "La pareja en el parque", "Una obra de ficción" y "La ventana abierta" a cargo de Abraham Valenzuela. Traducción de "El asistente melancolía", a cargo de Leopoldo Orozco.


Louise Glück es autora de más de una docena de libros de poemas y una colección de ensayos. Sus numerosos reconocimientos incluyen el Premio Nobel de Literatura (2020), la Medalla Nacional de Humanidades (2015), el Premio Pulitzer por The Wild Iris (1993), el Premio Nacional del Libro por Faithful and Virtuous Night (2014), el Premio del Círculo de Críticos Nacional del Libro por The Triumph of Achilles (1985), el Premio Bollingen (2001), el Premio del Libro de Los Angeles Times por Poems: 1962-2012 (2012), y el Premio Wallace Stevens de la Academia de Poetas Americanos (2008). Es docente en la Universidad de Yale y vive en Cambridge, Massachusetts.