(FENALEM) La Primera Feria de escritoras o cómo las mujeres se volvieron manada


Dicen que la literatura nació en los labios de las mujeres; en historias contadas de madres a hijos; en el arropamiento de narraciones hermanadas al oficio de las tejedoras. Sin embargo, por años, la figura de la escritora ha quedado opacada entre pedestales de musas y femme fatale. Relegada de la ciencia, lo político y el arte, la mujer, figura de “lo otro”, ha sido excluida a los márgenes de la historia. Pese a ello en los últimos años se ha abierto camino reconquistando los espacios de los que se le había vetado.


En esta reconquista de espacios, las mujeres hemos ido comprendiendo que la mejor estrategia es realizar alianzas con otras mujeres, unir fuerzas entre nosotras. Tal vez por ello, cuando en este caótico 2020 se redujeron espacios de difusión, como la FIL, dejando fuera a varias escritoras y proyectos encabezados por mujeres, no dudamos en responder con la organización de la FENALEM, la Primera Feria Nacional de Libro de Escritoras Mexicanas, pues, si se cerraban los espacios años antes ganados, había que crear los propios.

Cuando miré en el Facebook de Cristina Liceaga aquel mensaje explicando que la Tercera Antología de Escritoras Mexicanas no se presentaría en la versión virtual de la FIL, me sentí mal por las chicas ganadoras del tercer concurso, ellas merecían ese espacio y era triste que la situación de la pandemia fuese a obstruir la difusión de la antología. Por ello, cuando alguien propuso que creáramos nuestra propia feria, me entusiasmé y sin pensarlo dije que me unía a lo que se organizara. Ellas merecían esa difusión y si podía poner aunque fuera un pequeño granito de arena, lo haría.

En pocas horas más de diez mujeres habíamos contestado al mensaje de Cristina, nos pasamos a WhatsApp para proponer ideas, luego a Zoom. Éramos dieciséis mujeres de todas partes de México: Kiara Fernández y Elsa D. Solórzano del sur de México; Carla Cejudo, Fanny Morán, Madgalena Pérez, Maru San Martín, Perla Santos, Jazmín García, Mayahuel Zárate, Guadalupe Vera y Cristina Liceaga de la zona centro; Paty Bermúdez, Julia Cuellar, Camelia Rosio, del Bajío y Marisol Vera y yo, Alejandra R. Montelongo, del norte del país.

Nos desconocíamos unas a otras, sí, pero teníamos ganas de hacer algo. Después de preguntarnos qué opción era mejor, decidimos crear una feria de libro. Fijamos la fecha para el 8, 9, 10 y 11 de diciembre, acordando dedicar un día a cada una de las zonas del país, así tendríamos mejor organización y podríamos evitar la centralización. Acordado esto, por nombre le pusimos FENALEM, Feria Nacional de Libro de Escritoras Mexicanas, y comenzamos a invitar a las autoras de nuestra zona, sobre todo a aquellas que se habían quedado sin un espacio en la FIL o que considerábamos era necesario difundir su obra. Queríamos promover tanto a autoras ya posicionadas como a jóvenes escritoras, no importaba si era con autopublicación u obras sin ISBN, lo importante era que tuviesen obras de calidad recién publicadas.

Queríamos que ningún género quedara fuera de la feria, por ello nos dimos a la tarea de pensar en poesía, cuento y novela, sí, pero también en la literatura infantil, muchas veces tan olvidada, en la minificción, el ensayo y la literatura escrita en los idiomas originarios, también queríamos incluir a las autoras mexicanas que no se encontrasen residiendo actualmente en México, pensamos en autoras de la frontera al inicio, pero después terminamos por incluir a aquellas que habían emigrado aún más lejos como Francia y Canadá. Al final nos topamos con que eran demasiadas las autoras que teníamos en mente y aunque pusiéramos mesas con cuatro escritoras y horarios seguidos de 12 a 9 de la noche, no lograríamos darnos abasto. El programa se cerró con más de 100 escritoras.

No sé qué tan conscientes estábamos del impacto que todo aquello generaría. Yo al menos no me imaginaba la respuesta que tendrían los medios ni la recepción que alcanzaría la Feria. Trabajamos en la virtualidad por dos meses y cuando faltaba poco para el inicio de la FENALEM comenzamos a avisar a los medios de comunicación, desde ese momento las entrevistas no pararon. Fueron tantos los medios que nos apoyaron que cuando se llegó el día, la inauguración llegó a contar con más de mil vistas. ¡Mil vistas! ¿En un espacio físico qué sede hubiésemos necesitado para albergar a tantas personas? Creo que ni siquiera me puedo imaginar el escenario con esa cantidad de público. El resto de las presentaciones también contaron con muy buena recepción, era impresionante la cantidad de vistas o reproducciones que alcanzaba cada video y conmovedores los mensajes de personas que saludaban de todas partes de México y algunas incluso desde España, Alemania o Canadá. No podía creer que la FENALEM había alcanzado un público internacional. Y todo lo habíamos hecho dieciséis mujeres con nuestros propios recursos, sin apoyos gubernamentales, ni patrocinadores de algún tipo. Cuando en la mesa de inauguración Beatriz Graf, Cristina Liceaga, Ethel Krauze, Silvia Molina y Ana García Bergua nos bautizaron como “manada de lobas” sentí que no podían haber elegido una mejor manera de nombrarnos, justo así me sentía, como quién ha encontrado su manada y descubre que junto a ella puede abrir camino para otras.

Si bien la inauguración fue el primer evento de la FENALEM para el público en general, ya antes, desde las once de la mañana las actividades habían iniciado con el Taller “Narración rápida y breve” de la escritora Norma Frida Roffe, donde las participantes en cuestión de minutos debían crear minificciones. Cada día estaba programado un taller impartido por alguna escritora de la zona, la mayoría estaban pensados para todas las edades a excepción del taller “Cascara de Mar” de Damaris Disner quien lo planeó para niños. Insisto, no queríamos dejar a nadie fuera de esta gran feria, era un evento donde la protagonista era la escritura creada por mujeres, cierto, pero el público siempre lo pensamos sin género ni edad, queríamos tener espacios para el fomento de la lectura tanto para grandes como para chicos. Creo que las mujeres, al ser tantas veces excluidas a lo largo de la historia, hemos aprendido a ver a aquellos otros sectores que también suelen dejarse de lado, como la infancia. Tal vez por ello nuestro afán de querer abarcarlo todo.


Por ello, como ya decía, cada día lo dedicamos a una zona del país, el día 8 de diciembre fue el turno de la Zona Norte. Junto a Marisol Vera y Jazmín García me había tocado coordinar esa zona por lo que estaba un poco nerviosa. Tengo que confesar que ante la cámara de la computadora me sentía como ese meme del perrito al que todo le da ansiedad. Minutos antes de que empezaran a conectarse las autoras de la primera mesa, la “Mesa Internacional de Autoras radicadas en el extranjero” yo estaba temblando, pero, cuando empecé a ver los rostros de las escritoras Martha Bátiz, Antolina Ortiz Moore, Carmen Ávila, Dolores Gloria y Marisol Vera comencé a calmarme. Ahí estábamos tras bambalinas en Zoom a unos minutos de iniciar, platicaban animosas, una de ellas comenzaba a contarnos que recién le había llegado de México un paquete y escondido en él un extraño inquilino que llevaba días dejando pequeñas marcas por su casa, parecía una historia sacada de un cuento de Amparo Dávila, la autora estaba por describirnos al animal cuando escuchamos la voz de Nay, la chica que nos apoyaba en los controles técnicos, nos regresó al aquí y al ahora, estábamos a punto de salir al aire. Sentí un vuelco en el corazón y el regreso repentino de los nervios ahora transformado en algo distinto, una emoción electrizante. Un breve video apareció en pantalla, activé el temporizador para controlar el tiempo, miré de reojo mis notas y dudas, luego a las autoras que me acompañaban desde Francia, Canadá, Estados Unidos y México, sentí confianza en sus ojos. La transmisión en vivo comenzó.


Ya no sé si volví a ver mi cuaderno de notas y preguntas, lo que sí sé es que a cada instante yo me admiraba más de aquellas mujeres y su visión sobre la literatura, de su fortaleza y sus logros, de sus observaciones. Recuerdo con claridad a Martha Bátiz mencionando que la primera que debe de confiar en su escritura es la mujer misma, ella debe creerse escritora y tomar con seriedad sus letras. Pienso que sí me llamó tanto la atención esa frase en su voz enérgica fue porque durante las entrevistas previas a la feria y en diversas charlas casuales sentía y escuchaba sobre la inseguridad que muchas de nosotras habíamos tenido al llamarnos “escritoras” a nosotras mismas, como si el síndrome del impostor nos asechase en cada cornisa, estante o tejuelo de los libros firmados con nombres masculinos.


En cuanto finalizó la transmisión en vivo siguió de inmediato la Mesa de Literatura Infantil con la presencia de Yarezi Salazar, Hanna Figueroa y Georgina Martínez Montaño, con tres libros preciosos, uno de ellos sobre cuentos de terror. En la sección de Novela Sofía Segovia y Mónica Castellanos nos acompañaron con dos novelas históricas y Maritza M. Buendía y Nora Lizet Castillo con dos novelas eróticas. En la sesión de cuento se habló de tres antologías: “Pasos en el viento” de Rosario Martínez, “Corazones negros” de Atenea Cruz y la antología de escritoras zacatecanas III “Y son nombres de mujeres” de las antologadoras Irene Rubalcaba y Sonia Ibarra. En el caso de éste último libro, las zacatecanas, fundadoras del colectivo Líneas Negras, destacaron que el título de su antología provenía de un verso en el que se hacía alusión a las muertas de Juárez y sus nombres femeninos, por lo que Irene y Sonia, mediante su antología deseaban rescatar aquellos nombres femeninos pocas veces visibilizados y mostrar que también son nombres de mujeres los que firman la literatura actual y cuán necesario esnombrarnos vivas.


La Zona Norte concluyó con las poetas Reneé Acosta, Gabriela Cantú Westendpard, Rossy Evelin Lima, Norma Frida Roffe y Ana Belén López quienes nos hablaron de sus procesos creativos y cómo a través de la poesía son un migrare, mutare ynacen, tornan su mundo en naturaleza muerta, redescubren silencios, dan forma a lo que no es ni visible ni palpable, engarzan la filosofía y ciencia a su poética, se vuelven alquimistas de palabras, melodías y abstracciones para crear dimensiones alternas, jardín del vértigo en el papel, desorden de las olasen la aridez del semidesierto que junta sus dunas con los mares.

Si el primer día la Zona Norte nos ofreció flores y versos resquebrajando el desierto; el segundo día, la Zona Sur nos mostró cómo la poesía se apodera de todo cual ceiba inundando los cielos. En maya, zoque, konjabal y tzeltal resonaron los versos proclamando que la literatura en México no sólo se escribe en español sino en muchos otros idiomas. Así, tras ver el alcance de las letras mexicanas fuera de la República, nos adentrarnos al corazón de México para reencontrarnos en raíces idiomáticas guiadas por la voz de las autoras Sol CehMoo, Lyz Sáenz, Isabel Pascual y Adriana López.

Por otra parte, en la mesa de Cuentos Infantiles, las escritoras Clara del Carmen Guillén, Norma Vargas Macosay y Mirtha Luz Robledo, las tres de Chiapas y Margarita Robleda Moguel de Yucatán nos presentaron historias de miedo y de cementerios de mascotas ilustres. En la mesa de Ensayo la escritora Yolanda Gómez Fuentes nos habló sobre Rosario Castellanos y su identidad narrativa; Elsa D. Solorzano, abordó la figura de las mujeres como las malas de los cuentos; Maribeynar Morales, de las mujeres chiapanecas revolucionarias y Enedina Hernández presentó su obra Entremés Histórico del siglo XIX sobre San Cristóbal de las Casas y su importancia en Chiapas.

La violencia de género, la novela histórica y la metaficción se hicieron presentes en la Mesa de Novela con las autoras Patricia Villalba, Alicia Ayora Talavera, Laura Navarro y Guadalupe Olalde, mientras que en la sección de cuento fuimos inundados con ejércitos gatunos en los lomos de la microficción con las autoras Aida López, Beatriz Muñoz Morales, Karla Barajas, Karla Gómez y Alejandra Muñoz. En la noche la poesía de las poetas Clyo Mendoza de Oaxaca, Gela Manzano Añorve de Guerrero, Martha Esquinca de Tabasco, Elda Pérez Guzmán, Chary Gumeta, Marvey Altúzar y Lupita Gómez de Chiapas, nos deleitaron con ritmos arropados en los contornos de las sombras y territorios de la noche, versos de vientos en travesías de luz, ausencias y preguntas sobre los muertos.

La tercera jornada fue un poco más caótica para las organizadoras. Al finalizar el segundo día sentíamos que todo iba viento en popa, algunas compañeras nos recordaban de vez en cuando no bajar la guardia y seguir difundiendo las mesas. Horas antes de iniciar las transmisiones en vivo una de nosotras preguntó “¿Y si se traba mi internet mientras estoy presentando?”, creo que ninguna de las dieciséis tocamos madera porque dicho y hecho. Empezando la transmisión comenzaron los problemas técnicos. “Que no se podía trasmitir en la página de EscritorasMx”, “Que Zoom parecía ya no ser compatible con Facebook”, “¡Que el mundo entero de la tecnología parecía conspirar contra la FENALEM!”. Si en la Edad Media el demonio Titivillus se encargaba de poner erratas en los libros, ahora con los medios digitales debía de encargarse también de inducir problemas técnicos en las presentaciones.

Pero ningún problema técnico ni intromisión de Titivillus pudo frenar a la FENALEM, a pesar de todo el caos y pánico desatado en el grupo de WhatsApp, el programa pudo llevarse acabo sin más contratiempos que en la primera mesa donde nuestra invitada especial, la escritora española Rosa Montero, tomó las fallas técnicas con gracia y tranquilidad. Algo muy bello de esa primera presentación correspondiente a la Zona Centro fue el hecho de que la Antología Labios rojos, chocolate y una rosa, coordinada por Maru San Martín no solo busca difundir la literatura escrita por mujeres de habla hispana sino que además las ganancias de la antología tienen como destino apoyar a la ONG Familiesfor Peace en beneficio de los inmigrantes refugiados por situaciones de guerra.


Más tarde, en la sección infantil Guadalupe Vera, Gaby Trejo, Maricarmen Castillo y Marcela Fonseca nos regalaron historias bellísimas para la resiliencia y Adriana Pacheco nos presentó la antología Solecitos para contar despacito cuyas ganancias están destinadas para el orfanato Casa del Sol. Por otro lado en la sección de ensayo y microficción nos acompañaron Fabiola Morales Gasca, Adriana Azucena y Carla Cejudo mientras que en la sección de novela tuvimos a las escritoras Magdalena Pérez Selvas, Margarita Martínez Duarte, Sara Jiménez, Maru Dieguez, Gaby Trejo y Guadalupe Vera, quien también nos deleitó con poesía desde temprano junto con Paloma Cuevas y Ania Mendoza. Sin duda el tercer día de la FENALEM fue un crisol de voces pues en este día se presentaron también la Segunda y Tercera Antología de Escritoras Mexicanas, sí, la responsable de unirnos para crear la feria. Para cerrar la poesía se unió a la música con la presencia de Marvey Altúzar, Royina Arróniz, Guillermina Monroy, Mercedes Alvarado y Mónica Soto Icaza regalándonos poemas subversivos y jocosos. La Zona Centro sin duda nos mostró no solo una pluralidad de voces concentradas en unas cuantas horas sino que también nos demostró como la literatura puede impactar en el entorno, ya sea con historias que nos sensibilizan y mueven hacia la resiliencia o bien destinando las ganancias a causas sociales.


En el último día, dedicado a la Zona Bajío, predominó el cuento y la poesía. Desde temprano Camelia Rosio Moreno, Claudine Flamand y Lola Horner nos adentraron a las minificciones y fábulas, después, en la sección infantil, la Antología de poesía e ilustración sobre la pandemia, Versos y Garabatos, de Julia Cuéllar y Sombras en el arcoíris de Mónica B. Brozonme hicieron preguntarme sobré qué temas podía abordar la literatura infantil, encontrando en estas obras la respuesta: todos, cualquier tema siempre y cuando esté tratado de forma adecuada para los niños. En la segunda sección de cuento nos acompañaron Martha J. Ramírez, Paty Bermúdez, María Edith Velázquez, Montserrat Campos y Ana Laura Saavedra V., mientas que en la mesa de novela se presentó Banana Street de Macaria España.

El cierre fue con broche de oro, las poetas Ana Clara Muro y Marjha Paulino nos ofrecieron letras para desarmar princesas y adoptar soles; Amaranta Caballero Prado y Xochipilli Hernández, premoniciones poéticas para reflexionar sobre la creación misma, el amor y la vida, versos que eran brotes de murmullos, contundencia con reminiscencias de jarchas; Cristina Bello, Alicia Salum y Denise Pohls nos deleitaron con poemas comestibles, rimas de sed y hambre. Clandestinidad o enredo erótico de misticismo. Inundación. Un devorar nocturno para redescubrirnos en seres carnívoros, antropófagos. Escuchar a las poetas del Bajío fue convertir los sentidos en humo e incienso, experimentar el retumbar de la melodía en las entrañas y volvernos evanescentes en sus voces. Creo que nadie de los espectadores deseábamos que el evento terminase.


Para finalizar la FENALEM las integrantes del comité organizador agradecimos y brindamos con copa en mano el nacimiento de este proyecto, de esta manada de lobas que ya no se detendrá. Desconozco si ésta es la primer feria de escritoras en el mundo, lo que sí sé es que ya era necesaria. Nuestra voz cada vez resuena con más fuerza en este bosque de pedestales de musas, femme fatale, heroínas pasivas y santas. No volveremos a intentar subir a los pedestales porque no nos corresponde ni interesa cumplir las expectativas impuestas ni fingir ser como esas estatuas talladas por manos de varón, nosotras somos más que abstracciones o polarización de lo demoniaco o divino. Nosotras somos reales, cambiantes, dueñas de nuestros pasos, voz y letras. Somos las creadoras.

Cada vez hay más proyectos que se unen a la visibilización de la literatura escrita por mujeres. Desde diversas latitudes hemos comenzado a unirnos entre nosotras, poco a poco vamos formando redes en nuestro entorno, proyectos que buscan la promoción del trabajo femenino, finos bordados que se extienden y conectan con otros. Me gusta pensar que la FENALEM ha venido a mostrar justo eso, uniendo con delicadeza cada trabajo individual para realzarlo en el tejido nacional y mostrarlo al mundo. Estamos conscientes que éste es apenas el inicio, aún quedan muchas escritoras y proyectos por difundir, poco a poco esperamos ir uniendo fuerzas con más mujeres, pues, si bien un hilo de seda es frágil estando solo, al tejer varios hilos se vuelven irrompibles.


Es tiempo de aullar juntas nuestros nombres, apropiarnos de los bosques literarios, bordar el país entero, crear una red sobre este laberinto que es el mundo para que ninguna mujer se pierda ni tema ser devorada por los minotauros. Vamos juntas a rasgar el canon para dejar ver tras ese lienzo las plumas femeninas que han estado ahí todo este tiempo pero cuyo nombre ha sido sustituido por un “Anónimo”, la indiferencia, un pseudónimo masculino, la minimización, olvido o la conversión de su figura de escritora a simple musa o amante. ¡Qué ninguna mujer, hombre, ancianidad o infancia vuelva a ser silenciada! Ya no podemos seguir hablando de literatura universal mientras se siga ignorando la mitad de la producción literaria. ¡Por ello, larga vida a la FENALEM!



Nota: Si tú te perdiste de esta gran Feria y deseas ver algunas de las presentaciones, basta buscarlas en la página de Facebook @EscritorasMx o en YouTube en el canal de Escritoras Mexicanas. Y si deseas conseguir alguna obra de las autoras que se presentaron en esta Primera FENALEM puedes escribir a escritorasmx@gmail.com.




Por Alejandra R. Montelongo





Alejandra Rodríguez Montelongo (Zacatecas, 1993). Psicóloga y licenciada en Letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas. Ha trabajado como psicopedagoga y consultora de proyectos medio ambientales y de prevención de la violencia de género. Fue finalista del II Concurso Internacional de Cuento Breve “Todos somos Inmigrantes” y una de las 25 ganadoras del Segundo Concurso Nacional de Cuento de Escritoras Mexicanas. Algunos de sus textos se encuentran en las antologías “Mañana será otro día”, “Y son nombres de mujeres” y “II Antología de Escritoras Mexicanas”. Ha participado en el V Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes Jesús Gardea, el I CONACREL, el Festival INTERFAZ, el Encuentro de Escritores Jóvenes UAM-I y el IX Encuentro de Jóvenes Escritores de Iberoamérica y el Caribe enmarcado en la Feria Internacional del Libro de la Habana, Cuba, entre otros. Actualmente realiza la Maestría en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Guanajuato y es miembro del comité organizador de la Primera Feria Nacional de Libro de Escritoras Mexicanas, FENALEM 2020.