¿Letras libres?

Actualizado: mar 1


Caricatura: Helguera





«si

una nación entera se avergüenza

es león que se agazapa

para saltar. »

Octavio Paz

Hablar de Letras libres implicaría establecer, a lo largo del discurso, una relación clara entre política y literatura. Quisiera concentrarme en la segunda aunque indudablemente hay que hablar de la primera. Y es que la historia de Letras libres se remonta hasta la revista Vuelta dirigida por Octavio Paz y cuyo secretario de redacción fue Enrique Krauze desde 1977. Vuelta, al igual que Plural, por su misma naturaleza crítica, adoptó posturas con respecto a la política mexicana y latinoamericana (principalmente), abonando así al debate y al intercambio ideológico e intelectual.


Más allá de la inclinación política —conocida por todos— de Octavio Paz, Vuelta no dejó de ser un verdadero espacio para la crítica. Sin embargo en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari se establecieron vínculos muy estrechos entre el gobierno y muchos intelectuales de la época, incluyendo a Paz. En aquella administración se creó el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) y el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA). Hay que decirlo con todas sus letras: fueron tiempos de bonanza para la cultura, y para muchos ministros de la cultura en México. Algunos, de hecho, se sentían parte de la toma de decisiones dentro del gobierno, y otros críticos, conformes con las nuevas políticas culturales, se mantuvieron sutilmente silenciados. Sin embargo no podemos negar que hubo otras figuras literarias que no estuvieron conformes con el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y que alzaron la voz en múltiples ocasiones. Viene a mi memoria, por ejemplo, Carlos Fuentes.


Cabe mencionar que Fuentes y Paz fueron compañeros junto con Heberto Castillo y Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, por decir algunos, en el Movimiento de Liberación Nacional (MLN), organismo con posturas claramente de izquierda que pugnó entre otras cosas por reformas y mejoras populares; y aunque dicho movimiento se disolvió en 1964, Fuentes —al parecer— no desechó nunca el ideal de luchar por una verdadera democracia nacional. Las polémicas elecciones de 1988, cuando Carlos Salinas de Gortari tomó el poder, fue quizá el diferendo más significativo entre Octavio Paz y Carlos Fuentes. En junio de ese mismo año (un mes antes de las elecciones) y precisamente en Vuelta, Enrique Krauze publica su ensayo La comedia mexicana de Carlos Fuentes, que terminó por romper la relación de amistad entre ambos escritores. Krauze, por su parte, a raíz del ensayo y de sus intenciones políticas, recibió el ya famoso calificativo de “cucaracha ambiciosa”.


Diez años después, en 1998 y ya fallecido Octavio Paz, sale a la luz la revista Letras Libres. Era el final de Vuelta y el inicio de “la era Krauze”. Dicha revista, a lo largo del tiempo se consolidó como referente nacional e internacional por su formato versátil al incluir ensayos, entrevistas, traducciones, creaciones artísticas literarias y visuales; pero también, hay que decirlo, porque nunca dejó de mamar del erario. Letras Libres obtuvo ingresos por parte del gobierno que rebasaron los siete millones y medio de dólares tan sólo del 2012 al 2016; y no conformes con la publicidad pagada, la administración federal le compraba tirajes de ocho mil ejemplares mensuales, además de libros y otros servicios (sin contar los ciento ochenta y cinco millones de pesos que recibió Clío, también de Krauze). Las cosas han cambiado drásticamente desde el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, lo que ha enfurecido a la familia Krauze. Pero no quiero desviar el tema central de la reseña, que es: Letras Libres. La revista poco a poco ha embarnecido en los ensayos políticos y adelgazado en el ámbito literario. A las colaboraciones acertadas y valiosas, por ejemplo, de Juan Domingo Arguelles, Christopher Domínguez y Fabio Morábito, contraponemos los muchos artículos que ostentan verdades parciales, y sobre todo financiadas. Gobiernos como el de Enrique Alfaro (que en el 2019 pagó a dicha revista más de un millón de pesos por la difusión de mensajes gubernamentales) fueron ensalzados al punto de establecer un paralelismo entre el actual gobernador de Jalisco y el liberal Mariano Otero, mientras al presidente se le atribuyó el calificativo clasista de “mesías tropical”.


Tampoco podemos dejar de mencionar la trifulca que desató el manifiesto firmado hace unas semanas por 650 intelectuales que pugna por la libertad de expresión.


En el manifiesto se encuentran nombres de muy ilustres maestros como Adolfo Castañón, Homero Aridjis, Guadalupe Nettel; que probablemente tengan convicción genuina, y otros llamados intelectuales orgánicos como Hugo Hiriart, Roger Bartra, Fernando García Ramírez y los mismos Krauze, todos ellos miembros o colaboradores de la revista.


Celebro que exista una oposición que ejerza un contrapeso a las tomas de decisiones gubernamentales, y refrendo mi convicción al libre flujo verbal de ideas, pero en este caso los privilegios nublan la capacidad crítica de algunos intelectuales, y la verdad oscurecida no puede ser libre. La cultura no es producto de unos cuantos miembros, sino de una sociedad. “El arte no viste pantalones, ni habla en burgués, ni pone los puntos en todas las íes” —leemos en un cuento de Darío—. En México la mayoría de habitantes somos jóvenes. Existen innumerables asociaciones, colectivos, revistas, talleres y editoriales conformadas por jóvenes. Conjuntar la producción literaria actual en México es una tarea oceánica. Estudiarla y ejercer crítica sobre ella lo es más, debido al abundante nacimiento de revistas literarias en la época cibernética. Ejercer crítica es el mejor método para la elaboración de la curaduría editorial, ya que seleccionar autores implica invisibilizar a otros. Por eso el oficio literario es también una práctica política. Las editoriales y revistas financiadas e independientes lo saben, y están conscientes de que una editorial o revista con crítica simulada, o conquistada por beneficios económicos, tambalea en su autonomía, ergo, en su libertad y peor aún: en su compromiso ético. Por eso resulta sano cuestionarnos si en los círculos hegemónicos literarios en México de verdad existen las letras libres.





Eduardo Serdio (Ciudad de México, 1994). Poeta, gestor y editor. Estudió Lengua y literaturas Hispánicas en la UNAM. Ha impartido talleres de creación literaria en Mostrarte a México A.C. En el 2016 en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán funda el taller literario De-lirio que en el 2018 deriva en la revista literaria del mismo nombre, en la cual funge como director general. En el 2019 se integra a la revista Taller literario Ígitur, y a las mesas de Crítica y pensamiento en México y Diótima; versar poéticas: Encuentro Nacional de Poesía. Actualmente es fundador y director de la Congragación Literaria de la Ciudad de México.