Mar de Abril, un poema de Fernando Rocha Rosario




Hago un segundo cielo sobre el grandísimo Sahara,

tatuaje solar que bebe al mundo,

república de besos para soplar desde la mano.

Enmascarados con la noche,

delinquen mis latidos como un azulejo martilla al otoño con su canto.

Derramo el universo enjaulado en mis párpados

y el mar embiste contra aquel sol desmigajado.

Primero un ojo de agua

y después una cordillera de olas,

hasta que a la luna se le mojan los talones.

Yo siembro la primera campanilla de nieve que al tañer su aroma se bautiza como estrella…

Al alba, el sol danza arriba y abajo.

Una hilera de médanos corona al piélago

y vienen ángeles de todos los paraísos a broncearse hasta hacerse demonios.

Y si la marejada es un niño con peces entre los brazos,

los niños son marejadas de sueños que acaramelan al mar.

Alcázares de arena edificados por querubes.

El oleaje arando la algaida con sus dientes de espuma.

Un coro de nereidas más orquesta interpretando Hallelujah sobre un escollo que a la medianoche desvirgaría a la doncella de oblea.

Veleros o cisnes que engulle el horizonte.

―La playa del vino y del queso― dicen un par de diablos con mostacho de giste, desde un chiringuito, cuando el crepúsculo menstrúa.

―Mi novia es aquella vestida de diamante ―presume un ángel señalando a la ola que muerde a una niña―.

Mañana nos casaremos en Atlántida.

Quitasoles de magnolia.

Camastros de esqueleto para las almas.

Y yo enumerando los granitos de arena y las estrellas para saber cuánto me amabas…

Al amanecer se van con premura y dejan aquello que ya no cabe bajo sus alas.

Trenzado por un acorde meloso, un cuarteto de cuerdas aúlla sus notas,

mientras una trompeta regurgita una clave de sol que tragó del pentagrama;

los mascarones seráficos, impresos en la playa,

todavía con el ensueño titilante en los párpados dormidos;

toallas emplumadas;

aureolas escurriendo resplandores.

Y yo muy triste por tu abandono, así que antes de que otros lleguen me bebo el mar por los ojos, porque, Abril, no hay mejor remedio para contrarrestar esta fuga de felicidad.





Fernando Rocha Rosario (1998, CDMX). Estudia en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Obtuvo mención honorífica en el III Concurso de Cuento “Las Plumas de Filoberto”. Fue incluido en las antologías Poemas en la noche (Ojos verdes, 2015), III Certamen Internacional de Poesía Disertaciones (Logo, 2015), Cartas que nunca escribiste (Ojos verdes, 2016) y Cuentos sonoros, jóvenes autores (Funambulista, 2016).