Poemas de Carlos Augusto Torres

Actualizado: 30 de oct de 2020




Hoy extraño tanto el olor de tus axilas,

primario, basal, milenario y profético.

De nuestro primer baile,

hasta la primer persona:

a través de civilizaciones,

golpes de estado, monarquías,

tragedias y puños de tierra,

injusticias, espadas,

poemas y hogueras,

todo acodado

en ese ángulo escarpado de tus brazos.

Más tuyo que tu nombre,

tan amplio como los destinos.

Olí y palpé

tiempo encarnado.

Olí y conocí

quién habitaba tu piel.


La noche sin luz

Al tanteo,

como desnudo,

esperando que llegue,

camino con la mano en las paredes:

ahora habito un naufragio.

De un chispazo,

encuentro más grande mi casa,

más distantes los muebles,

hoscos los libros,

incomprensible el baño.

Me acuesto pensando

porque es lo único

que no necesita luz.

Y no duermo.

Cuando me iba de tu casa,

me besabas en el zaguán

con la serena boca de un regreso.

Yo no supe cuándo

ya no volví

y aún tengo el sabor tranquilo,

pero desencajado,

de que no te fuiste,

pero ahora

los zaguanes

me entristecen.


Del libro inédito Los poemas que siempre quise escribir



Hulk

Una infidelidad develada

o el retraso del camión,

pueden disparar un denso verdor en mi epidermis,

entonces me sobrevengo ahíto,

tenso como un tomate

orgulloso de ser verde.

Sitiado de mí,

con un coraje púrpura de lances voraces,

en ahogo inasible por todas las venas

que irrigan mi cuerpo

y que ahora puedo distinguir

una por una;

en gran derrame,

berreante como cohete que culmina,

me embriago de un odio puro,

de un licor amargo de piedras y saliva.

Y yo ya no soy yo,

ni mi casa es ya mi casa,

ni mi boca es ya mi boca,

ni mis manos son ya mis manos,

ni mi voz es ya mi voz.

Con ventiscas en las venas,

me revuelco en baba humeante

y cuerpo me falta

para darle forma a mis palabras.

Me domina la sed del grito,

el hambre del desplome.

En un andar a tientas por la locura,

como en risa agónica,

me vuelvo verde

verde

verde.


Donde discurre sobre el porqué de la espontaneidad con la que expresa afecto

Tal vez sólo retiro el exceso

de un momento que llega a su límite,

una sacudida que nace y brilla

por dentro de todo mi interior.

Puede que no diga nada,

que sólo sea un lapso de no entender,

una traición que me hago en voz alta,

una forma de mentirte y mentirme,

un sentido que se quiebra de tanto que lo uso.

Quizá pronuncio algo

en un idioma que desconozco

pero que llego a entrever

y balbuceo un mensaje oculto.

Un estruendo que se me sube por todas partes,

una manera de invocar a la lluvia,

de gritarle al cielo que aquí estoy

de alguna manera tan tibio

por algo que aún no llego a ver

pero siento girar y revolverse.

No confío en lo que digo,

no sé por qué escribo,

o en qué creo.

Pero hago todo esto,

como si supiera que hay algo detrás

que sustenta las maneras diarias

de hacer la vida:

un paso que hace otro,

una palabra que lleva a otra

tejiendo y destejiendo

un poema que aparece y desaparece.

Cuando digo que te quiero

un chasquido de luz,

una rama que cruje,

un golpeteo naranja me alza.

Y yo ya no sé qué soy,

levanto la mirada,

y con un poco de polvo en mis palabras,

camino un poco más,

más allá de la sombra

y te llamo.




Carlos Augusto Torres (11 de septiembre de 1995, Ciudad de México). Estudió la Licenciatura en Escritura Creativa y Literatura en la Universidad del Claustro de Sor Juana. Trabaja en su primer libro de poemas.