Poemas de Jorge García Prieto

Actualizado: 30 de oct de 2020




Hoy mi hijo se tatuó la sombra de una mano

sobre su mano izquierda. Tres manos tiene mi hijo y

no precisamente para alcanzarme en colosal azogue

el diccionario azul. Tres manos que ensombrecen lo que tocan.

Me dejaría tocar, pero este imán partido es demasiado fuerte.

Soñé que me hundía y desde un óvalo de tierra

mi hijo con dos manos cruzadas sobre el pecho

ofrecía la sombra de una mano.

¿Cuánto de mí cargan las manos de mi hijo?

¿Cuál mano atrapo si estoy ciego y todo es sombra?

Hoy mi hijo se ha tragado una tijera.

Corte interior.

Soy un pez aguja asfixiado de zurcirlo.

Chas…Chas… Chas… Chas…La melodía enerva una estación insomne.

Chas…Chas…Chas… Le queda poca luna.

Chas…Chas… Se ha tragado una tijera y se le abrió bien adentro

como si fuese una paloma.

Chas… y no puede vomitarla.


He tenido que arrancármelo del pecho,

lanzarlo envuelto por mi sangre vida afuera,

de nalgas repicando contra el mundo,

y es una frialdad de iceberg que nunca se derrite.

La boca del cráter me chupa la camisa,

el equilibrio me olvida, he tenido que lanzarlo

como una piedra lisa sobre el cristal del agua.

He cerrado los ojos para no perseguirlo.

A veces sueño que llega, trepa,

se acomoda en mi hueco como una oruga.

Intento acariciarlo y la mano

atraviesa la cáscara del huevo donde duerme el vacío

Tengo amigas que han dejado caer sobre mi cráter

las aureolas más tibias,

las trenzas indefensas, carretillas de muslos.

Hay amigos en fila para intentar sobornarlo

con ediciones príncipe,

cajones donde el mar es un cuadrado.

Todo es inútil, los murciélagos se guindan de mi hueco,

el dolor le confunde los bordes con el marco de un espejo,

la humedad gesta sus hongos.

Un hueco así

no puede rellenarlo ni la muerte.

Se convirtió en anciano,

las tres manos le tiemblan. Una nube hizo metástasis en su voz.

A veces los muertos de tanto descansar no vuelven nunca.

Lo riego con la primera sangre de la mañana,

pide que le alcance un pañuelo para intentar nacer

y al dárselo lo incendia, sus lágrimas también envejecieron,

le imploro que vomite la tijera,

es mi deber besarlo en el veneno, surtirlo del racimo de lágrimas

que guardo por si acaso alguna noche

tiene que abrir en el jardín un foso.




Cuando salto por el círculo de fuego

suelo caer sobre el amor si hay luna.

Intento saltar mientras la noche brilla, conviene

caer sobre el amor. Yo salto y otra realidad comienza a dibujarme.

Más allá del círculo me recibe otro círculo,

allí mi reino,

mi hijo dándole la espalda a la tijera, hijo con piel, bebiendo agua.

Desempolvo sus pulmones sin miedo a contaminar el cielo.

Lo duermo en las rodillas, lo dejo soñar,

es solo un niño, pero es mucho más que una constelación,

es la semilla patria, el fuelle que sopla para que el fuego bese.

Le canto mientras sueña,

no le tiembla la aurora,

su vientre es como el mar cuando se aquieta el viento

y en sus párpados puedo adivinarle el corazón, sueña tranquilo.

Aunque no existas te voy a amar, aunque los escorpiones me cubran,

voy a nacer amándote,

serás verde por siempre, muere de luz para que nunca heredes

el círculo que arrastro.




*Los poemas aquí publicados aparecen en libro El lado sano de la lágrima, publicado por Ediciones Laponia (Cuba, 2019).


Jorge García Prieto (La Habana, Cuba, 1979). Poeta y promotor cultural. Dirigió el Taller Literario Municipal de Arroyo Naranjo. Premio de Poesía Manuel Cofiño 2007, Segundo lugar en el Concurso Nacional de Poesía Rafaela Chacón Nardi 2007, finalista del Premio David 2012, Premio Nacional de Décima Francisco Riverón Hernández 2017. Tiene publicado los libros: Poemas subsidiados (La pereza, Miami, 2013) y Errático animal (Montecallado, Cuba, 2018). Textos suyos aparecen en las antologías Esta cárcel de aire puro (Editorial Abril, 2011), El árbol en la cumbre (Editorial Letras Cubanas, 2014), Paraninfos (Editorial Capiro, 2017) y Estaciones de retornos (Editorial Shushikuikat, 2019). Ha colaborado con revistas de Chile, Argentina y México.