Poemas de Lina Kostenko, en traducción de Fabián Espejel




En la ribera del Prípiat duerme un diablo, fingiendo ser, el canalla, un sauce reseco. En la ribera del Prípiat —la ribera— en el río, que alguna vez fue azul profundo. Una vela atómica y negra titila por él. Por él los pueblos en quiebra y declive. En la arena del margen se hunden sus garras en sus orejas el viento silba y se lamenta. Ventanas y muros rayoneados con sus obscenidades, ídolos resquebrajados y un respirador arruinado. Y ahora siente que merece una buena siesta. Éste es su imperio. Y él es el emperador. El reactor, todo negro —su infierno y su trono. Se duerme en la arena, acurrucado en llamas. Soñando solo en su círculo de cuervos con Ucrania, Ucrania entera.

Un terrible caleidoscopio: en este instante alguien en alguna parte muere. En este instante. En este mismo instante. En todos y en cada minuto naufraga un barco. Las Galápagos arden. Y sobre Dnipró se pone la amarga estrella del ajenjo. Estallido. Volcán. Ruina. Destrozos. Uno apunta. Otro falla. “¡No dispares!” implora un tercero. Los cuentos de Sherezade se agotan. Lorelei no canta más a la orilla del Rín. Un niño juega. Vuela un papalote. Florecen los rostros, que el terror no ha borrado. Bendito sea cada momento en que seguimos vivos en estos campos mundiales de la muerte.

Y la calma canta como sirena. No necesito cera, no soy Ulises. Los leones me esperan y soy esperada en la arena. La vida siempre se parece al Coliseo.

La gente cae todos los días por su fe. Nosotros no inventamos este deporte eterno. Es lo esencial de hundir su mirada en los ojos de las bestias y simplemente seguir siendo humanos.

¡Cuando dicten mi sentencia en la arena, cuando suelten sus fieras contra mí, veré su estupidez sin límites, su rabia inflada de venganza!

Mi revuelta sagrada madura en mi interior. Puedo ver en su neblina sangrante. Incluso en mi último instante, le diré a mis verdugos lo que el primer cristiano:

—No me pueden quemar. Su fuego enfría, ya se ha consumido, y sus leones lamerán mis pies,

y sus servidores los engañaron.

En la calle —oigo por la ventana— la risa forzada que suelta una mujer. Quizá se siente triste, pero quiso que le dieran ganas de reír. Y yo miro los ríos de calles oscuras las cabezas de las lámparas felices, peinadas con gorritas de hojalata, y sobre el alto soporte de mi ventana, los castaños de Indias convidan flores blancas… Y miro y pienso en mis poemas. Si sienten dolor —que estén tristes. Que no rían de manera forzada al menos, porque la gente sincera cierra las ventanas.





Lina Kostenko (Ucrania, 1930). Poeta y escritora. Representante de los poetas ucranianos de los sesenta conocidos como Shestydesiantnyky. Sus libros "Sobre las orillas del río eterno" (1977), "Marusya Churai" (1979), y "Originalidad" (1980) han sido ovacionados por la poesía ucraniana moderna. Su obra ha recibido múltiples galardones, entre ellos el Premio Shevchenko (1987).


Fabián Espejel (Ciudad de México, 1995). Poeta y traductor. Estudió Letras Hispánicas en la FFyL de la UNAM. Sus textos han sido publicados en varios suplementos y revistas mexicanas y latinoamericanas. Actualmente es becario en el área de poesía en la Fundación para las Letras Mexicanas.