Poemas de Luiz Vaz de Camões, en traducción de Iván Zurita



Versos al desconcierto del mundo

Los buenos vi siempre pasar

en el mundo grandes tormentos;

y para horrorizarme más,

los malos vi siempre nadar

en mares de contentamientos.

Pretendiendo alcanzar así

el bien malamente ordenado,

fui malo, mas fui castigado,

así que sólo para mí

está este mundo concertado.

Tanto de mi estado me encuentro incierto


Tanto de mi estado me encuentro incierto,

que en vivo ardor temblando estoy de frío;

sin causa, juntamente lloro y río;

el mundo entero abarco, mas no es cierto.


Es todo cuanto siento, un desconcierto;

del alma fuego, por la vista un río;

ahora espero, ahora desconfío,

ahora me desquicio, ahora acierto.


Desde tierra llego al cielo volando;

en una hora hallo mil años, y de hecho,

en mil años no puedo hallar una hora.


Si me pregunta alguno por qué así ando,

respondo que no sé; pero sospecho

que fue porque la vi a usted, mi señora.

Alma mía gentil, que te partiste


Alma mía gentil, que te partiste

tan pronto de esta vida, amargamente,

descansa tú en el cielo eternamente

y viva yo en la tierra siempre triste.


Si en el asiento etéreo, al que subiste,

memoria de esta vida se consciente,

no te olvides de aquel amor ardiente

que siempre en mis ojos tan puro viste.


Y si tú ves que puede merecerte

algo del gran dolor que me quedó

de la angustia insufrible de perderte,


ruega a Dios, que tus años acortó,

que tan pronto de aquí me lleve a verte

cual pronto de mis ojos te llevó.




Habla del viejo del puerto (Los Lusíadas IV 94-104)

Mas un viejo de aspecto venerado,

que estaba en las playas entre la gente,

puestos en nos sus ojos, meneändo

tres veces la testa, molestamente

la voz pesada un poco levantando,

que en los mares oímos claramente,

con un saber por experiencias hecho

tales palabras dijo de su pecho:


¡oh gloria de mandar, vana codicia

de esta vanidad que llamamos Fama!

¡Oh fraudulento gusto, que se atiza

con aura popular que honra se llama!

¡Qué castigo gigante y qué justicia

haces en el pecho vano que te ama!

¡Qué muertes, qué peligros, qué tormentas,

qué crueldad en ellos experimentas!


¡Dura inquietud del alma y de la vida

fuente de desamparo y adulterios

sagaz consumidora conocida

de linajes, de reinos y de imperios!

¡Te llaman ilustre, también altiva

siendo digna de infames vituperios!

¡Te llaman Fama y Gloria soberana

nombres con que el pueblo necio se engaña!


¿A qué nuevos desastres determinas

de llevar estos reinos y esta gente?

¿Qué peligros, qué muertes les destinas

debajo de algún nombre preeminente?

¿Qué promesas de reinos y de minas

de oro, que darás tan fácilmente?

¿Qué famas les prometerás? ¿Qué historias?

¿Qué triunfos y qué palmas? ¿Qué victorias?


Más, tú, generación de aquel insano

cuyo pecado y desobediëncia

no tan sólo del Reino soberano

te colocó en destierro y triste ausencia,

sino también de otro estado humano:

de la quieta y de la simple inocencia

de edad dorada, tanto te privó,

que en una de arma y hierro te dejó.


Ya que en esta frívola vanidad

tanto elevas la leve fantasía,

ya que a la bruta fiereza y crueldad

diste por nombre esfuerzo y valentía,

ya que aprecias en tanta cantidad

el desprecio a la vida, que debía

de ser siempre estimada, pues que ya

teme tanto perderla Él que la da:


¿No tienes a tu lado al Ismaelita,

con quien siempre habrás grandes guerras feas?

¿Del Árabe no sigue ley maldita

mientras por la de Cristo tú peleas?

¿No tiene ciudades, tierra infinita,

si tierras y riquezas tú deseas?

¿No es por las armas grande y esforzado,

si quieres por victorias ser loado?


Dejas a las puertas al enemigo,

por irte a buscar otro de tan lejos,

por quien se deshabite el Reino Antiguo,

se enflaque y vaya quedando desierto;

buscas incierto e incógnito peligro

para que así la fama te haga obsequios

llamándote señor, con abundancia

desde India, Persia, Etiopía y Arabia.


¡Oh, maldito el primero que en el mundo

vela puso en las ondas, sobre un barco!

¡Digno de eterna pena del Profundo,

si justa es la ley justa que yo abarco

¡Nunca algún juicio, ni alto ni profundo

ni cítara sonora o vivo marco

te dé por eso fama ni memoria,

mas contigo se acabe nombre y gloria!


Trajo el hijo de Jápeto del cielo

el fuego que unificó al pecho humano,

fuego que al mundo en armas encendió,

en muertos, en deshonras (¡gran engaño!).

¡Oh, cuánto mejor fuera, Prometeo,

y cuánto para el mundo menos daño

que tu estatura ilustre no tuviera

fuego de altos sueños que la moviera!


No acometiera el joven degradando

ni carro paternal, ni aire vacío

el gran arquitecto con su hijo, dando

uno, nombre al mar, y otro, fama al río.

¡Ningún compromiso alto ni nefasto

por agua, fuego, hierro, calma o frío,

retrasa a la humana generación.

¡Mísera suerte! ¡Extraña condición!



Luiz Vaz de Camões (1524-1580). Escritor portugués cuya formación humanista y experiencia vital como viajero y soldado lo convierten en un prototipo del espíritu renacentista. Como creador, Camões domina a los autores grecolatinos, así como las literaturas modernas españolas e italianas; y aún las cantigas, la poesía de trovadores y otras formas de la tradición popular. Conocía la historia de Portugal por la lectura de historiadores clásicos así como crónicas recientes, y manejaba amplios conocimientos de navegación, geografía, entre otras disciplinas.

En la obra de Camões puede apreciarse una clara influencia del petrarquismo, pero sumado a elementos propios de la saudade portuguesa, tales como la melancolía, el dolor del alma y cierta decepción por la vida. A pesar de haber escrito algunas obras teatrales, es principalmente reconocido por su poesía, en la cual hace uso de las distintas formas métricas clásicas, como la redondilla, el soneto, la oda o la égloga. Sin embargo, su obra más influyente es Los Lusíadas, epopeya escrita en verso heroico donde narra la fundación, historia y hazañas del pueblo lusitano.

En contraste con la gloria y honor que recibiría póstumamente, la vida de Camões aparece como una mezcla entre errores y mala fortuna; sus viajes por la India como guerrero no le valieron grandes aportaciones económicas y es en esta época en la que pierde un ojo en combate, al regresar a Portugal no cuenta con capital alguno; y aun cuando logra ver su obra maestra publicada, no recibe por ésta sino una modesta cantidad, aunado a la poca di fusión de la misma, el poeta pasó sus últimos años en una miseria absoluta.

Innegable es su influencia en la obra de autores posteriores, tales como Césario Verde, Fernando Pessoa o José Saramago. En la actualidad, anualmente se celebra en Portugal el día de Camões, el máximo galardón en lengua portuguesa lleva el nombre del poeta, y nombramos a este idioma como la lengua de Camões.


Iván Zurita (Ciudad de México, 1992). Egresado de la carrera de Lengua y Literatura Hispánicas por parte de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, UNAM. Como estudiante participó en los encuentros literarios en las universidades autónomas de Morelos, San Luis Potosí, Yucatán, Puebla y Baja California; entre los cuales destaca el V Encuentro Nacional de Jóvenes Escritores Jesús Gardea de la Universidad Autónoma de Chihuahua. En 2018 fue becario en el Festival Cultural Interfazz “Los Signos en Rotación” y en el I Encuentro Nacional de Poetas Amando J. de Alba. En febrero de 2019, participó en el IX Encuentro de Jóvenes Escritores de Hispanoamérica y el Caribe dentro de las actividades de la Feria Internacional del Libro de la Habana, Cuba. Su obra literaria se encuentra dispersa en antologías de jóvenes escritores mexicanos, así como en publicaciones periódicas y plataformas digitales. Actualmente se desempeña como miembro del Consejo Editorial de la revista de crítica y creación literaria De-lirio