Poemas de Victoria Marín Fallas




PARA DESCIFRAR EL DOLOR

hay que beber la sangre

de quienes se rehúsan a morir.

Su vértigo está en los pantanos, 

en las esquinas que nadie hurga, 

sepultado bajo la esperanza y el luto del pobre 

quizás también del “hombre recto”.


Con sus manos debes abrirte la cabeza y mirar,

prestar oídos los suyos

al canto de la mujer desangrada por el tedio 

que yace en el fondo del estanque.

Ella sabrá dar con el ser más triste 

para que puedas amarlo ferozmente,

agotando los deseos y la ira

hasta quedar en los huesos. 


Entonces, será necesario

 canjear tu vista por la suya

y darle una puñalada limpia,

respirar revestida de él o de ella

y engendrar sola un vacío blanco, 

absoluto e invencible,

que se tragará

el oro y la plata de tus días.




ESCILA


Sé qué decir, pero no puedo. Sus palabras me golpean a torrentes y yo, como el náufrago, solo deseo quietud y claridad, un poco de sol para calentar el cuerpo. De su agilidad monstruosa emergen los conceptos, de la cintura brota el hambre canina que se bifurca multiplicando la amenaza de un cuerpo mutilado. Los minutos se expanden y se precipitan como las olas, arrastrados por una terminología inútil.


Sin embargo, a la vista de un único remo y casi al borde de la resignación, me aferro a sus ojos, siempre hermosos y mucho más dulces que la lógica en la punta de una lanza. Pero ya es tarde. Nada se puede hacer en contra de la huida. Debo recomenzar el viaje hacia la nulidad del aire, dejar que me ahogue el sonido, salvarme.


Sé que en el fondo marino me espera un hogar oscuro y sereno, un archipiélago imposible en dónde reinan la armonía y el placer que solo yo conozco. Es cierto que ya morí un poco, pero todavía me queda el viento que susurra νόστος y la posibilidad de encontrar sosiego dejando que el tiempo se lleve mi juventud y mi lengua.


Por esto, por la tranquilidad de aquél que se rehúsa a lidiar con la hija de Forcis, es preciso dar muerte al discurso que salva lo absurdo, actuar en dirección opuesta y extraviarse. Quizás, algún día logrado el regreso, cuando haya arribado en paz a esas costas de silencio y quietud salada, como sombra le mire en el espejo, me extrañe y sienta dentro el tumulto de su aullido exigiéndome una frase.




PUESTA EN ESCENA


La mejor resolución es apostar por lo ilógico,

dinamitar el cerebro, hervir desde adentro.

No crear armonía, no ser, no hacer.

Holgazanear hasta la tumba

y dar rienda suelta a la degeneración,

el rumbo natural de las cosas,

ese destino que te asusta

y respira a tus espaldas.

¿Acaso no es adorable?

Esto vale más que las palabras de un bruto

la representación del hipócrita

o el reflejo irreconocible de tantas grietas,

cuyos bordes afilados no dejan de sangrar.

Me tienen sin cuidado

la belleza frívola,

las buenas maneras,

la cara de vómito de aquel

que solo puede presumir un nombre impreso

(eso también aprovechará la parca).

Por eso mi empeño no está en crear,

en ser, en hacer.

Deseo que me dejen sola

con mis muertos de contrastes definidos.

Quizás pueda entenderme en su rostro,

pero me falta profundidad y locura.

Aun así, ¿irías a verme actuar

sin tacones altos, sin una máscara?

¿Será que tu respuesta importa?

Aunque dijeras que no

o respondieras apretando los labios,

callaría el coro de sátiros,

abriría mi torso desaforadamente

para que veas mi negra sangre

el vacío sin alma de tanto atragantarse

con el banquete del filántropo.





Victoria Marín Fallas. Estudió Filología Clásica en la Universidad de Costa Rica. Es cuentista y amante del simbolismo, la literatura, la mitología y directora del medio digital Revista Virtual Quimera. Anteriormente, se desempeñó como asistente editorial en la Revista Educación de la Universidad de Costa Rica, y como asistente de docencia en cursos de latín, literatura y mitología griega para el Departamento de Clásicas de la UCR.


Ha publicado en la revista española Itálica de la Universidad Pablo de Olavide y en los espacios El Repertorio y Revista Antagónica. Además, figura como autora en las antologías Donde contamos hormigas y segundos (Poiesis Editores (Costa Rica), 2020) y Caperucita Feroz (Ápeiron Ediciones (España), 2020). Próximamente será publicada en dos antologías de poesía costarricense y una de relato fantástico, esta última con la editorial EUNED.