Una muestra poética de Óscar Wong

Actualizado: 13 de dic de 2020



La inmarcesible, misteriosa y seductora esencia central de la poesía de Óscar Wong reside en la sorpresa, en la capacidad de asombro ante las maravillas del mundo, y en la búsqueda inefable de la unión del principio femenino y masculino. Esta complementación de elementos, fundida dentro del erotismo, constituye una revelación a la figura masculina que se descubre a sí misma través de su semejante opuesto. Es decir que en la obra de Óscar Wong existe una contemplación externa que pugna por manifestarse a través de la palabra, y encuentra en aquella expresión su más íntimo diálogo interno.


Encontramos, por ejemplo, poemas que evocan la fertilidad lunar, y versos que, sin hipérbole llegan a conjurar “la presencia de lo eterno”, pues en estos poemas se entiende muy bien el poder de La Palabra. No es difícil saber porqué, ya que una lectura atenta de su obra advertirá con cierta facilidad la presencia del misticismo hebreo; además claro, de otros elementos discursivos que lo enmarcan distintivamente en la tradición mexicana. La inclinación simbólica de los elementos naturales ostentan evidentemente su condición de poeta perteneciente al trópico, como aquellos tabasqueños de la generación de los Contemporáneos, o de los chiapanecos conocidos y queridos por todos, de los que reluce Jaime Sabines.


Mucho hay que decir de la obra de Óscar Wong, no sólo como poeta, también como narrador y ensayista. En todos los campos ha destacado con notable y desarrollada sensibilidad intelectual.


En esta entrada incluimos una muestra poética del autor, con tres poemas pertenecientes a los poemarios Enardecida Luz (1992), Espejo a la deriva (1996), y Razones de la voz (2002).


PIEDRA QUE GERMINA

Después que me miraste,

que gracia y hermosura en mí dejaste

San Juan de la Cruz

Como raudo rayo fecundado

el Amor desciende.

Con sus garras abre

surcos en la tierra.

Y crece el musgo,

el limo blanco, el árbol

venerado por la tribu.

Y la ternura crece

sobre el alba.

Y el corazón del día surge

como denso susurro

de la roca.

Y el océano inicia

impetuosa danza consagrada.

Aquí el fulgor renace.

Si pusieras tus ojos en mis ojos.

Si pusieras tus labios en mis labios.

Si tu boca afuera abeja enardecida

aguja voraz hurgando en la sangre.

Si te posaras, sedienta, entre mis piernas,

te amaría densa, torva, tiernamente,

como quien por primera vez asoma al mundo,

como quien por primera vez

desgarra una violeta.

Todas las cosas arden si te miro.

Todas las piedras germinan si te amo.

Como gorjeo intempestivo vienes

y tu presencia bebo cual arroyo

donde los ángeles se inclinan.

Como una lenta danza que seduce,

como rocío fértil en la arena,

como la castidad del santo que crepita

ante la suave perfección de la figura inmaculada

vienes.

Qué arduo trabajo el tuyo, Amada: ser hermosa.

El graznido del cuervo me estremece,

el vuelo del pegaso me seduce,

el gorjeo de tu voz me satisface.

Sin ti, abeja tierna, el Universo carece de sentido.

Como un patriarca fiero me conduzco,

como un profeta sabio te profano.

Amada Reina del Valle de Jovel,

La del Rostro Dulcísimo y Terrible,

Sé que vienes de donde crecen los manzanos

Y que en tus ojos anidan las colmenas.

Ay cuánta miel derramándose en el iris

Y cuánta perfección en tu figura.

Que el oro de mis besos te sostenga.

Que la roca de mi canto te consagre).

A TI NO TE DERRIBARÁ la muerte.

A ti jamás te tocará el olor maldito de la tumba

aunque las leyes de la flor, la insobornable

rueda del verano se deslice, y perturben

y acosen tu belleza.

Gacela, grulla o corza

como una madre tierna te cobijo,

pero tiemblo si un golpe lúgubre

de realidad te toca.

Conjuro la presencia de lo eterno.

Brillante lágrima de sol:

yo desperté a la serpiente,

yo vi temblar al unicornio,

yo desaté al dragón enfurecido.

Frágil, perturbado,

para cantar escucho el ritmo lento del silencio,

para amar me sumerjo en el vacío.

¿Quién dice que el terror calcina?

Desde la esfera más alta entrego

mi voz en el océano.

Y palpito

y me erizo

y me consagro

ciego.

Turbo la turbia tarde.

El corazón alberga rosas, muñones agrios,

amargas fauces que devoran.

También es puño enronquecido.

Pero me doy a ti cual caracol sediento.

Delirio, purificada brasa que palpita,

¿ante la Luz qué hacen los ciegos?

Me inclino, hierba endeble, si me miras.

Mi corazón naufraga en ola súbita.

Fulgor sonoro al mediodía eres,

arena humedecida la ternura.

México-Tenochtitlan, enero 5 de 1998.

(Del libro Razones de la voz, CNCA, Colec. Práctica Mortal, Méx., 2002)

OSCURO SOL EN LOS PEÑASCOS

Este poema es para ti

Me gustaría amarte

mullida garra en la espesura,

incontenible como el dolor del parto.

Te amaría con violencia de tifón devastando embarcaciones,

con la fuerza de un volcán en el océano.

Renazco cuando acaricio tu mentón,

cuando te amo tengo el furor del rayo.

Conozco tu sonrisa.

Tiene de un recién nacido la ternura,

el candor del mediodía,

consistencia de la luz sobre la arena.

Ante ti

soy follaje incendiado por una mano inicua,

asfixia absurda en la garganta,

oscuro sol calcinando en los peñascos.

Te amo con suavidad de pantera caminando en la espesura.

Incisiva, tierna, brutalmente

como pétalo cayendo en el abismo.

Te amo con esa lentitud con que me doy al mundo,

con ansiedad de crisantemo deshojándose en el río.

Trémulo,

pedernal rasgando el firmamento,

te contemplo.

Me poso en ti como pluma en la borrasca.

Voraz te acaricio.

Fuego que arrasa la pradera soy.

Tiemblo.

Fuiste hecha para exaltar la vida.

Murmullos de la carne

en bocanadas raudas tus muslos se encabritan.

Refugio de los astros

tus ojos toman de la miel el color.

Alegre como el embate de la risa,

desnuda como una roca a contravientos

tu cintura.

Gimes entre las brasas del día.

Relámpago bajo mi boca

son tus pétalos erguidos.

Ahora rozo tu piel, pajarillo temblando.

Con violencia de espuma te estremeces,

como una piedra aguda te despeñas.

(Del libro Enardecida luz, UNAM, Colec. El Ala del Tigre, Méx., 1992, Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 1988)

COMO UN CLAVEL deshojas la nostalgia,

obstinada brecha al pie del horizonte.

Juego a que la mano te despeina,

acaricio tu mentón como el alba los cristales.

Jalo tus cabellos, riño contigo.

Soy un chiquillo cuando monto en el candor,

palabra que zurea en tus oídos

(el áspid de la soledad acecha, crece.)

Tus ojos, taciturna miel.

Tus labios, caricia de espuma que reclamo.

Contigo voy por los caminos que ahora se me ofrecen.

Contigo hago que las zarzas germinen el desierto.

Destello de sol sobre la cresta de la ola

esta canción es para ti.

Esta semilla reverbera en tu regazo.

Esta raíz se aferra a los espejos.

Espantada la muerte retrocede.

No más dolor.

Ya basta del colmillo hincándose en la garganta de la aurora,

la garra de la pena devastando las heridas.

Ahora canto.

Pastor en la ribera toco la flauta del Amor.

Con mis manos invento el alborozo:

tienes la suavidad del musgo,

candidez de sol flotando como lirio.

Sonríes.

Aromas los frutos del rubor.

(Del libro Espejo a la deriva, Edit. Praxis, Colec. Dánae, Méx., 1996)





Óscar Wong (Tonalá, Chiapas, 1948). Poeta, narrador y ensayista. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la FFyL de la UNAM. Ha sido subsecretario de Cultura y Recreación del Gobierno del Estado de Chiapas (1982-1984) y Director de Publicaciones de CONECULTA-Chiapas (2010). Colaborador de Alero, Árbol de Fuego, Arena, Arte Poético, Azor, Cauce, Cosmos, Diálogos, Diorama de la Cultura, El Gallo Ilustrado, El Heraldo Cultural, El Nacional, Espiral, Ovaciones, Poesía Hispánica, Poesía en Venezuela, Plural (nueva época), Revista Mexicana de Cultura, Sábado, y Siempre! Becario del INBA/FONAPAS, en crítica literaria, 1978; y del CME, en ensayo, 1985. Por sus 30 años como escritor recibió la Medalla de Oro al Mérito Cultural Rubén Astudillo en Cuenca, Ecuador, durante el X Festival de Poesía Pablo Neruda-Rubén Astudillo, realizado en junio de 2004. Premio Sahuayo 1986. Premio Puerto Vallarta 1986 por Vocación de espuma. Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde 1988 por Enardecida luz. Premio Nacional de Cuento Rosario Castellanos 1989 por La edad de las mariposas. Primer lugar en los XXXIX Juegos Florales Nacionales de Ciudad del Carmen, Campeche 2000 por Razones de la voz. Premio Nacional de Ensayo Magdalena Mondragón 2008. Premio Chiapas en Artes 2015, otorgado por el Gobierno del Estado de Chiapas.